Tengo

Tengo un corazón que se come a sus huéspedes.
Una conciencia que se duerme en los filos de la locura.
Un alma despojada de su esencia.

Sin bienes.

Me da la vida para cuentos. Pero no tiempo para escribirlos.
Las situaciones son idóneas casi siempre para algún teatro mal herido.
Y mis cicatrices se abren con el drama sangrando cortinas de terciopelo.
Soy ídolo de las masas invisibles sin nombre ni miedos.
Me respetan a oscuras y sin ropa.
Con humo y varias copas.

La autoridad de mis novelas la tomo de vidas ajenas.
De secretos en la cama.
La luna de otros, mi casa.
Tengo una enumeración tórrida, sin tildes y sin comas
de misterios removidos
preparados en el fondo de un horno consumido.

De un pecho trasnochado.

Vivo.

Leo analogías nunca dichas en ajenos romances
de los que hablo sin saber haciendo con lo material, contrastes.
Pero no tengo metáfora que defina
una relación como la mía.

Soy un mortal entre mortales
Tengo aspiraciones de titanes
aunque al final me quedo atrapado
En el miedo a los fracasos
O en los pies del anonimato.

Soy inmune al frío.
Pienso cosas que nunca podré decir en alto.
Apenas me corre sangre por la cara
cuando confieso a solas
los desprecios más inhumanos.

Tengo un fondo pantanoso.
Lúgubre.
Tengo una mirada fúnebre.
Aguanto poco al resto de humanos
porque son absurdos.
Porque se arrepienten y padecen
una vez piensan y recuerdan,
una vez sienten.

Tengo aversión por la sensibilidad absurda de la sociedad,
y me callo pensamientos que les podrían asustar.
Si me exijo, soy superficial.

Y sin embargo, se aborrece lo natural.

Tengo un corazón que se come a sus huéspedes.

Soy un mortal entre mortales.

Tengo a Roma esperando mi regreso

y a sus ruinas reclamando nuestro amor.

Tengo veneno en mi crítica al mundo

pero me han enseñado a morir en silencio.

Tengo miedo a hablar de desprecio.

Tengo aspiraciones de titanes

pero tengo los pies bañados en cemento.

Creación propia

 

La noche

Cae la noche y pare el cielo
silencio funesto y calma tenebrosa.
En praderas y valles
la oscuridad lo gobierna todo.

Negra madre de locura y sinrazón,
a tu hora viven asesinos y ladrones.
Confía en mí cuando te digo
no los verás tramar a los ojos de la luz.

El lobo y el vampiro viven a tu abrigo,
las sombras los cobijan,
en sus dientes se derrama la muerte
y a su grito teje la Parca.

Llegan a mi casa
tinieblas penitentes con los rostros hundidos;
su música es el grillo y su cantar no se oye.
Son Morfeo y sus diablos que se meten en mi cama.

Custodios de mi féretro
ungen mi sentido con ensueños y desvaríos,
envuelven mi cadáver con sudario de algodón
y vigilan a la entrada, no haya caminante que se acerque.

En silencio,
muy en silencio
voy perdiendo la cordura
y muero…

Monstruo, pt II

No dejé de correr hasta llegar a mi casa. Subí a mi cuarto, cerré la puerta y lloré. ¿Qué había hecho? No debería haberle besado, ahora sabe que soy… Oí a mi padre subir las escaleras, y apresuradamente me limpié las lágrimas e hice como que estaba con el móvil. Me preguntó si me pasaba algo, que por qué había subido tan rápido. Le dije que no, que no pasaba nada. No quise levantar la vista para que no se diera cuenta de que tenía los ojos enrojecidos. Me dijo que dejara el móvil y me pusiera a estudiar y salió de la habitación. Me volví a derrumbar.

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