Literatura conceptual y los límites de la literatura

Los días lluviosos son perfectos para filosofar. Aunque hoy no llueve. Tal vez en realidad el sol se sienta como en la leyenda de Faetón y el calor parezca derretir hasta las paredes. Pero da igual; llueva, nieve o sea el apocalipsis, nosotros vamos a filosofar, que os he echado de menos. Hoy (¿nunca habéis pensado que ‘hoy’ es una palabra muy corta para designar a algo tan importante como es el presente?) he venido a plantear una de las mayores cuestiones de la humanidad. Y no, no voy a responder por qué existimos, de dónde venimos ni a dónde vamos. Hoy no, al menos. ¿Que cuál es esa gran pregunta? ¡Redoble de tambores…! 

¿Cuáles son los límites de la literatura?

Comencemos ab ovo; la RAE (nuestra querida academia que cada vez es menos querida) define el concepto de “literatura” como “arte que emplea como medio de expresión una lengua.” Vayamos a ver qué es una “lengua” para poder entender mejor esta definición. Me centraré en dos definiciones – parecidas, pero no iguales- que nos pueden cambiar mucho el concepto de “literatura” (la semántica es como una ecuación; en cuanto modificas un pequeño factor, el resultado se altera completamente): la primera habla de un “sistema de comunicación verbal y casi siempre escrito, propio de una comunidad humana”, mientras que la segunda lo define como un “sistema lingüístico considerado en su estructura.” Ahora podría surgir el eterno debate filológico de qué es lengua y qué es dialecto, pero lo dejaré para otra ocasión y me centraré ahora en estas dos definiciones.


Si aceptamos la lengua según la última definición, llegamos a la conclusión de que existe un “lenguaje musical”, un “lenguaje visual”, un “lenguaje artístico”, e incluso podríamos hablar de un “lenguaje sexual”, ¿no os parece? Porque, según la primera definición, los animales no tienen lenguaje (a pesar de que está demostrado que muchos de los ruidos que hacen, aunque sean meros sonidos guturales o pequeños gritos, tienen un significado aislado cuyo objeto es la comunicación), así como los antiguos egipcios (dudo que los dibujos entren en el término “verbal”, pues de tal manera la pintura debería ser considerada también un lenguaje).


Es decir, señoras y señores, que vivimos rodeados de lenguas y deberíamos dejar de considerarnos monolingües, bilingües o trilingües, porque… ¡todos somos plurilingües! Hablamos con el cuerpo, con las palabras, con las miradas; hablamos cuando escribimos, cuando componemos música, cuando pintamos, cuando esculpimos y creamos, cuando programamos, cuando besamos e incluso cuando (palabra censurada). ¡Qué bonito es el mundo de la comunicación!


Pero ahora vayamos a lo que nos importa de verdad. Acabamos de observar que los límites de la lengua son los mismos que los de la comunicación: cualquier método o intento de transmitir (ideas, conceptos, sentimientos…) es lengua. Pero… ¿qué es literatura? Hemos dicho que es arte, así que volvemos a este fantástico diccionario para conocer qué es el arte (y no me digáis que el arte es morirte de frío, graciosos). La RAE lo define como una “manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.” A pesar de estar abusando del diccionario, creo que con esta acepción me siento un tanto decepcionado. Tal vez sea por toda esa parafernalia lingüística que trata de embellecer el concepto de ‘arte’, cuando, sin pretenderlo, lo único que consigue es ensuciarlo y vilipendiarlo como si se tratara de algo exclusivo.

El arte es arte. Ars gratia artis, decía el lema del parnasianismo, tan utilizado por Gautier, y que influyó a los más grandes artistas del siglo XX: desde la arquitectura de Gropius y la Bauhaus alemana, hasta la poesía pura de Juan Ramón. Si uno analiza el arte (y con arte me refiero a todo tipo de manifestación artística) desarrollado durante el último siglo, se da cuenta de que esta definición es errónea, incompleta o antigua. No sé si será por lo de “visión personal y desinteresada” (¿acaso el arte no puede representar una visión colectiva u objetiva? Díganselo a la fotografía y al periodismo) o por lo de “interpreta lo real o lo imaginado” (veamos las obras de Miró, Kandinsky o Duchamp –en lo que atañe a la abstracción-; no nacen de la realidad ni de la imaginación, parten de la improvisación, del factor sorpresa).

Antes de seguir, me gustaría definir un concepto que me ha servido para determinar el título y el argumento de esta entrada: el arte conceptual. Para ello abandono la RAE (gracias por tu ayuda, bonita; sigue limpiando, fijando y dando esplendor) y me voy al “Diccionario del arte del Siglo XX” (Ian Chilvers, Editorial Complutense, 2001). Veamos; dice que es “un tipo de arte en el que la idea o ideas que una obra representa se consideran su componente esencial, y el producto acabado, si existe, se considera antes que nada como una forma de documentación más que como un objeto”. Creo que no queda bien claro, así que me veo obligado a explicarlo: este tipo de artistas, como Duchamp, opinan que cualquier cosa es arte. Todo. Recuerdo que en Londres fui al Museo de Arte Contemporáneo y aluciné muchísimo al ver cosas tales como un vaso vacío junto a un cartel donde ponía (en inglés): “Anoche este vaso estaba lleno de agua” o una naranja. En el Museo de Arte de Gotemburgo (Suecia) –con un poco más de trabajo- había una gran máquina futurista (casi la consideraría steampunk) junto a un letrero que decía “Esta máquina, en este mundo, no tiene ninguna utilidad”. ¡Bienvenidos al arte! Como datos de interés, tal vez os interese saber que Piero Manzoni expuso como arte varias latas rellenas de sus propios excrementos, mientras que una exposición de Yves Klein consistía en una sala vacía.

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Volvamos a lo que nos incumbe: nuestra querida literatura. Después de este paréntesis artístico, me gustaría plantearos una cuestión: ¿creéis que se puede aplicar esta idea del ‘arte conceptual’ o del ‘arte por amor al arte’ a la literatura? ¿Qué es literatura y qué no es literatura? Sabemos que una novela es literatura (aunque, por mucho que nos pese, haya algunos libros que no merezcan considerarse ni basura); un cuento es literatura (incluso si está escrito para niños de cinco años) y un poema también es literatura (aunque sea de verso libre o de escritura automática). Tal vez podríamos hablar sobre los microrrelatos, género que fue abiertamente criticado durante muchos años hasta que ahora –quién sabe si por la pereza o por la aparición de las redes sociales- han vuelto a florecer de nuevo. Se dice que uno de los cuentos más cortos del mundo es un microrrelato del famoso escritor guatemalteco Augusto Monterroso, que dice así:

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.”
¿Por qué se considera que esto (una oración subordinada adverbial, tan simple como la que cualquiera de nosotros dice al hablar) es literatura? Podemos destacar diversos hechos: son siete palabras, pero cuatro de ellas juegan un importante valor temporal (cuando, despertó, todavía, estaba); el uso de la elipsis (sabemos que hay un sueño, sin que nos hablen de él); las dudas que nos crea (¿quién despertó? ¿dónde es allí?); la pertenencia a algún género (fantasía, terror, misterio); el toque poético (es, en sí, un verso endecasílabo). Esto me recuerda a otro microrrelato (éste tal vez un poco más triste) que escribió Ernest Hemingway. Dicho escritor se propuso hacer una historia de seis palabras que consiguiera sacarle las lágrimas a la persona que la leyera. Fue ésta:
“For sale: baby shoes; never worm” (“Vendo zapatos de bebé sin estrenar”)
Lo consiguió, ¿no os parece? Seis palabras, literatura. Ya hemos podido observar que la literatura no es cuestión de tamaño: son literatura tanto estos preciosos microrrelatos, como “En búsqueda del tiempo perdido”, esa novela de Marcel Proust que todo el mundo conoce (¡una historia que nace de una madalena!), pero que nadie se atreve a leer (¿os parecen pocas 3031 páginas?). Tampoco creo que sea una cuestión de precio, pues he llegado a comprar libros tan magníficos como “Platero y yo” por un euro, mientras que el “Código Leicester” de Leonardo Da Vinci cuesta 30 millones de dólares. Casi nada. Y ambos son literatura (de la buena, además).

Y, para acabar, sólo queda comprobar qué es semánticamente literatura y qué no lo es. ¿Puede un escrito sin sentido ser literatura? Es posible que estéis pensando que no (y admito que eso sería lo más lógico y sensato) pero antes de que os encerréis en esa pequeña tesis, querría enseñaros unos poemas escritos por Lewis Carroll, el magnífico creador de Alicia (sí, la que se encoge siguiendo a un conejo y va al País de las Maravillas). Son… ¿poco convencionales? Se trata de un poema sin sentido que el autor incluyó en su obra “Alicia a través del espejo” (la segunda parte de la famosa historia). En él, la mayoría de las palabras están inventadas o son fusiones de otras, pero, a pesar de ello, se sigue la estructura lógica de la lengua, se utilizan formas poéticas e incluso, con imaginación, se puede entrever un pequeño hilo argumental. He aquí el poema más peculiar que podréis encontrar (lo dejo primero en inglés y después una de las muchas traducciones que hay en español, ésta de Jaime de Ojeda, que es de las más entendibles):

“’Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.
‘Beware the Jabberwock, my son!
The jaws that bite, the claws that catch!
Beware the Jubjub bird, and shun
The frumious Bandersnatch!’
He took his vorpal sword in hand:
Long time the manxome foe he sought–
So rested he by the Tumtum tree,
And stood awhile in thought.
And as in uffish thought he stood,
The Jabberwock, with eyes of flame,
Came whiffling through the tulgey wood,
And burbled as it came!
One, two! One, two! And through and through
The vorpal blade went snicker-snack!
He left it dead, and with its head
He went galumphing back.
‘And hast thou slain the Jabberwock?
Come to my arms, my beamish boy!
O frabjous day! Callooh! Callay!’
He chortled in his joy.
‘Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.”

***

“Brillaba, brumeando negro, el sol;

agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba.
¡Cuidate del Galimatazo, hijo mío!
¡Guárdate de los dientes que trituran
Y de las zarpas que desgarran!
¡Cuidate del pájaro Jubo-Jubo y
que no te agarre el frumioso Magnapresa!
Valiente empuñó el gladio vorpal;
a la hueste manzona acometió sin descanso;
luego, reposóse bajo el árbol del Tántamo
y quedóse sesudo contemplando…
Y así, mientras cavilaba firsuto.
¡¡Hete al Galimatazo, fuego en los ojos,
que surge hedoroso del bosque turgal
y se acerca raudo y borguejeando!!
¡Zis, zas y zas! Una y otra vez
zarandeó tijereteando el gladio vorpal!
Bien muerto dejó al monstruo, y con su testa
¡volvióse triunfante galompando!
¡¿Y hazlo muerto?! ¡¿Al Galimatazo?!
¡Ven a mis brazos, mancebo sonrisor!
¡Qué fragarante día! ¡Jujurujúu! ¡Jay, jay!
Carcajeó, anegado de alegría.
Pero brumeaba ya negro el sol
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas,
mimosos se fruncian los borogobios
mientras el momio rantas necrofaba…”
Bueno, ¿qué os ha parecido? Inquietante, ¿eh? Tal vez necesitéis varias relecturas (¡cuidado, que os explotará el cerebro!) para sacar algo claro de todo el poema. Me sorprendería pensar que alguien haya llegado hasta aquí sin haberse dormido entre poemas, microrrelatos y definiciones de diccionario, pero voy a acabar la entrada –sólo por si queda alguien despierto, tal vez alguno de esos que presumen de su insomnio-. 
Si pequeños grupos de palabras, incluso textos sin sentido, pueden considerarse literatura, decidme, ¿creéis que una lista de la compra es literatura? ¿Y el texto de un anuncio? ¿Un SMS? ¿La información que sale en el bote del champú? ¿Es posible que todas las palabras sean literatura, de una manera u otra? Si hay un emisor y un receptor, si hay un mensaje, un código y un canal, habrá comunicación, pero… ¿y literatura? ¿Dónde empieza y dónde acaba este arte? Bécquer preguntaba “¿Qué es poesía?” y yo pregunto “¿Qué es literatura?”

0 pensamientos en “Literatura conceptual y los límites de la literatura”

  1. Darío, estupenda entrada, se ve que te la has currado mucho y que hay mucho trabajo detrás. Supongo que dejas el final abierto (he leído el final, no me he dormido) para que el lector piense y que cada uno saque sus conclusiones. Sin embargo, y quiero pensar que no soy la única persona a la que le ha ocurrido esto, echo en falta un párrafo más, uno en el que tú, con tan amplios conocimientos de literatura, por fin te pongas a filosofar y expliques a tus lectores qué es para ti literatura. La pregunta no solo la tiene que responder el lector, sino también tú.
    Soy anónimo, pero te agradecería que respondieras a este comentario con tu opinión, yo la acabaré leyendo y los que lean esta entrada después que yo también.
    Muchas gracias y te felicito de corazón.

  2. Darío, sería todo un detalle que respondieras a este anónimo dado que he pensado exactamente lo mismo al acabar de leer la entrada. Un saludo.

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