Olvidemos el ayer y el mañana, sólo existe el presente.


Cierra los ojos. Respira. Relájate y déjate llevar. Ya no tienes brazos, ni piernas. No tocas el ratón del ordenador, porque ahora careces de manos, y aún menos eres capaz de leer esto, porque no posees ojos. No es que en tu rostro haya dos cuencas vacías, como las que dice Miguel Hernándezen las que se colocan piedras de futura mirada, no, ahora ya no eres ‘él’, no eres un ente.
Careces de forma fija: si la sociedad te mete en una prisión, te adaptarás a la estructura de tu celda claustrofóbica, si una persona te encierra en su corazón, podrás con facilidad moldearte y adquirir la el relieve de sus sentimientos, y si alguien decide encerrarte en un oscuro baúl para siempre, ahí permanecerás hasta el fin de los días.
Tampoco tienes ahora un sabor: cuando quieres puedes ser dulce como el más sabroso de los chocolates, si no amargo o salado como la calmada mar. Pero aún sueñas, aún sientes, y recuerdas aquellos tiempos pasados; los unes todos en tu profundidad, en tu opaca transparencia (qué paradoja más curiosa, ¿no?) y los devoras con pasión. Ya no eres un ser humano, ahora eres agua.

Sobre el agua hablamos hoy, pero no el concepto de agua que tenéis en mente, sino una metáfora un tanto extraña. Para empezar a introducir el tema me gustaría haceros una pregunta: ¿qué pensáis del presente?
Todos hemos estudiado en clase cómo los antiguos pueblos pugnaban entre ellos,  las alabanzas de poetas a dulces doncellas o los arpegios de guitarristas incomprendidos. Pero, ¿por qué no nos hablan del presente? Es cierto, conoces los errores del pasado para no volver a cometerlos en el futuro, pero cabe recordar que ese futuro surge de un tiempo intermedio, el ahora, y que todos desperdiciamos mirando hacia atrás o adelante.
Como nos decía Jorge Manrique hace muchos siglos, nuestras vidas son los ríos, pero esas corrientes se dividen en partes, en etapas, y la que actualmente sucede en nuestra cultura y sociedad ha sido bautizada como modernidad líquida por el filósofo polaco Zygmunt Bauman, ganador del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010.
¿Qué nos dice este hombre sobre nuestras vidas? Que fluyen, cambian, evolucionan, se interrelacionan, mutan, se transforman, todo esto constantemente. Y es por eso que nuestra educación es tan amplia y se busca que todos tengamos unos conocimientos mínimos sobre todos los campos, así como se intenta abrir la mente de las personas.
Ya no hay rebeldía o miedo, las nuevas generaciones se sienten ansiosas, emprendedoras, motivadas y anhelantes de un amplio futuro, y saben que para ello no pueden llevar una vida monótona: flexibilidad laboral, diversos trabajos, viajes y mudanzas, cambios radicales de vida, incluso la concepción del amor ha cambiado y muchos se preparan mentalmente para cambiar de pareja a lo largo del tiempo.
 Y la cuestión es, ¿cómo y por qué afecta esto a la literatura, al periodismo, a la música, al cine: al arte en general? Centrémonos en el por qué se ha originado todo esto: si nos vamos atrás, al siglo XX, lo que más destaca es el auge de la informática, la tecnología, la cibernética y la robótica, ¿cuánto han llegado a cambiar nuestras vidas los avances científicos y tecnológicos? Hace años, el mundo actual era inimaginable.
Las Guerras Mundiales abrieron la mente de las personas, concienciaron sobre los derechos humanos y cambiaron el rumbo de la historia radicalmente, redirigiéndola, actuando como catalizadores de un nuevo mundo gobernado por una sociedad plural, una sociedad de masas en la que el determinismo rige nuestras vidas.

Por la parte del arte, en esa época se desarrollaron las famosas vanguardias, cuyo sentido de crítica y provocación si se trasladara a nuestros tiempos sería absorbido por los medios y comercializado: ya nada es especial, todo es de todos: lo que uno empieza es rápidamente adquirido, asumido y plagiado por el resto, y pierde su unicidad. 
Esto determina una fragmentación del pensamiento occidental que rechaza una visión unitaria de las cosas y se abre a la pluralidad de pensamientos y a las múltiples visiones del mundo sin rechazos ni grandes críticas.
Así, se crea una literatura moldeable, determinada totalmente por el autor: ya no hay géneros fijos: se escribe desde literatura romántica a policíaca, pasando por erótica, fantástica, distópica, realista, histórica, y todos los subgéneros que se os puedan ocurrir. La temática ya no es algo común.

Y entonces, ¿qué es lo que tiene en común el arte actual? Principalmente, la subjetividad. Porque aunque sea de manera directa, a través de un poema, de un ensayo, de un artículo, de una canción, de un cuadro, de un símbolo, de un personaje, o de cualquier cosa, el autor siempre transmite alguna idea suya, algo que quiere demostrarle al lector, algo con lo que quiere hacer reflexionar y transmitir enseñanzas o valores. La subjetividad es el nexo del mundo actual, y todo gracias a la libertad que se ha creado en esta generación y a la erradicación de la censura, que esperemos que en los próximos años se transmitan aún a más países de todo el mundo.
Otro hecho muy utilizado en toda la literatura (y en la música también) son las referencias culturales: utilizar citas de otros autores, recordar libros, canciones, cuadros, lugares, culturas, mitos, etc. Un escritor siempre querrá demostrar que sabe mucho más de lo que sus lectores creen, que su profesión es más que juntar palabras para que queden bonitas.
Pero lo que más une a la literatura actual es la búsqueda de un estilo personal: cada escritor es único, cada uno tiene sus ideas y sus influencias, y así lo demuestran haciendo libros muy diferentes entre sí, cada uno con su propia prosa, sus propios personajes, sus propias palabras. Y aunque todos los estilos sean diferentes, todos se parecen, porque las influencias nos llegan a todos por igual. ¿Conclusión? Somos únicos y a la vez diferentes. 
Incluso el lenguaje fluye ahora: ¿cuántos miles de palabras tenemos ahora en nuestra lengua que han venido de otros idiomas? ¿De cuántos conceptos nos hemos apoderado y los hemos españolizado? En el presente el mundo es una gran masa primitiva repleta de millones de pequeños elementos que juegan entre ellos: se juntan, se separan, se deshacen, evolucionan, intercambian trozos…

Vivimos en una mezcla heterogénea formada principalmente por tres elementos: la cultura, el amor y la libertad. 

Adiós a uno de los más grandes.

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García Márquez en 2002. 

Biografía

Gabriel José de la Concordia García Márquez, conocido mundialmente como Gabriel García Márquez, e incluso con su hipocorístico, Gabo, fue un un reconocido hombre de letras, novelista, cuentista, periodista, editor y guionista, nacido en Aracataca (Colombia) el 6 de marzo de 1927. La mayor parte de sus obras se basan en experiencias de su vida o de sus familiares, como se muestra a continuación.

Hoy, 1 de mayo de 2014, Alberto Ferrera y Darío Luque, los dos colaboradores de este espacio, abrimos dicho blog perteneciente al proyecto +24, y esta bienvenida va acompañada de una despedida: nosotros os saludamos a todos vosotros, nuestros lectores, pero venimos a decirle adiós a un gran escritor que falleció el pasado 17 de abril y al que hoy hacemos tributo: el grandísimo Gabriel García Márquez.

Familia

Sus padres fueron Gabriel Eligio García y Luisa Santiaga Márquez Iguarán
-apellido de la matriarca de Cien años de soledad. Su abuelo materno no aprobaba la relación y alejó a Luisa de Gabriel, aunque el enamorado no cejó en su empeño, y mandó a su futura esposa cientos de cartas y poemas, acompañadas de serenatas de violín; pasado el tiempo, la familia dio el permiso para casarse. Posiblemente este romance les resulte familiar a los lectores de El amor en los tiempos del cólera.
El escritor colombiano fue criado en parte de su infancia por sus abuelos maternos, al mudarse sus padres a Barranquilla por cuestiones de trabajo. Sus abuelos le influyeron en gran medida, principalmente por las historias, tanto míticas como reales, que le contaban. Pongamos por ejemplo la negación de su abuelo a callarse respecto a la Masacre de las Bananeras –conflicto provocado por una huelga de trabajadores del sector bananero-, lo que recuerda al motivo de la locura de José Arcadio Segundo en Cien años de soledad. Tras la muerte de su abuelo, vivió con sus padres.

Vida

Gabo junto a Mercedes, su mujer.
Fue internado en Barranquilla, donde sus compañeros le apodaron “El viejo”, por su tendencia a la soledad y a su incipiente escritura. Gracias a una beca del gobierno, terminó sus estudios secundarios en 1947 en Bogotá, ciudad donde posteriormente estudiaría derecho. Anteriormente había publicado poemas en algunas revistas, pero no es hasta ese año cuando publicó su primer cuento, La tercera resignación.
Aunque su deseo de ser escritor iba aumentando con el tiempo, prosiguió su carrera de derecho para complacer a su padre. Nunca llegó a terminarla, dedicándose al periodismo, carrera que comenzó siendo reportero en El Universal, periódico de Cartagena, y continuó en El Heraldo, de Barranquilla.
Conoció a Mercedes Barcha en un baile de estudiantes y decidió desde el primer momento que tenía que ser su mujer. Posteriormente se casaron en 1958, y su primer hijo, Rodrigo, nacería al año siguiente.
En 1961 se trasladaron a Nueva York, de donde tuvieron que salir tras recibir amenazas y críticas de la CIA y de disidentes cubanos, por su relación con Fidel Castro. Se mudaron a México, donde tendrían, tres años después, a su segundo hijo, Gonzalo.

Del éxito a los últimos años

En 1967 publicó su obra cumbre, Cien años de soledad, con la que alcanzó el éxito internacional, recibiendo nominaciones como “Mejor libro del año” en 1969 en Francia, y galardones como el Premio Rómulo Gallego y el Premio Neustatd (ambos en 1972). En 1981 le fue concedida la Legión de Honor de Francia y el doctorado honoris causapor la Universidad de Columbia (Nueva York). En 1982 ganó el Premio Nobel de Literatura, “por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real son combinados en un tranquilo mundo de imaginación rica, reflejando la vida y los conflictos de un continente”.
Fidel Castro y Gabo en La Habana. 
Sin embargo, toda su fama se vio acompañada de críticas hacia su amistad con Fidel Castro, que, en palabras del propio escritor, “es una amistad intelectual”, relación por la cual tuvo que exiliarse de Colombia y refugiarse en México.
También recibió críticas de Estados Unidos, quien le vedó su entrada por sus opiniones contra el imperialismo. Posteriormente, Bill Clinton le retiraría la prohibición.

Se le diagnosticó un linfoma en 1999. Tras un año de tratamiento, se encerró en su casa y apartó la mayor parte de sus relaciones sociales, para terminar sus memorias y otras obras. Sin enbargo, al mejorar su enfermedad, volvió al periodismo y a la lectura.
Sobrevivió al cáncer, y en 2002, completó sus memorias, Vivir para contarla. Sin embargo, en 2014, sufrió metástasis, y el cáncer se desarrolló en un pulmón y en su hígado, por lo que tuvo que ingresar en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición, de México D. F.

El 17 de abril de 2014, el escritor colombiano que ha marcado un antes y un después en la literatura universal falleció.


Obra

La obra de García Márquez es muy extensa debido a su larga carrera que comenzó, como ya se ha dicho en 1947 con la publicación del cuento La tercera resignación en el periódico liberal de Bogotá El Espectador. Durante un tiempo, y hasta 1952, el autor colaboró en dicho medio con un total de quince cuentos. Es en el año 1955 cuando aparece su primera novela: La hojarasca, seguida en el 1961 de El coronel no tiene quien le escriba, que se convierten en dos de sus novelas más populares, aunque, según él, las más simples.
El éxito de verdad no llega hasta el 1967 cuando se publica Cien años de soledad, la novela que le hace merecedor del Premio Nobel de Literatura, el puesto más alto al que puede aspirar un escritor. Pero no se rinde ahí y, aunque temeroso por la crítica después de tan grande premio, sigue publicando libros como Relato de un náufrago, Crónica de una muerte anunciada, El amor en los tiempos del cólera o Del amor y otros demonios.

Cien años de Soledad

Edición especial de Cien años de soledad hecha por la RAE

La primera edición de esta novela, publicada en 1967 en Argentina por la Editorial Sudamericana tuvo una edición total de 8.000 ejemplares, pero el éxito ha sido tal a nivel mundial que se han vendido más de 30 millones de ejemplares y ha sido traducida a más 35 idiomas.

Dicha novela, considerada una de las obras más importantes escritas en castellano, e incluso uno de los libros más destacados a nivel mundial, tanto del siglo XX como de todos los tiempos,  teje en sus páginas una red laberíntica de sucesos y personaje que se entrelazan unos con otros a lo largo del tiempo: cien años que pasan alrededor de la familia Buendía en el mítico pueblo de Macondo.
La historia comienza con el éxodo de diferentes familias hacia el lugar que se convertirá en Macondo: José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán, primos casados con una profecía que les augura descendencia con cola de cerdo, deben marcharse después de que José Arcadio mate a su amigo Prudencio cuando éste se ríe de su relación. Por el camino José Arcadio tiene un sueño en el que ve construcciones con paredes de espejo: Macondo. Es en ese momento cuando decide establecerse en ese lugar lejano y fundar una nueva villa.
Ahí tienen tres hijos: José Arcadio, Aureliano y Amaranta, nombres que se repiten posteriormente en las generaciones venideras. Así se comienza extender toda la historia de los Buendía en la que se entrecruzan personajes tan enigmáticos como el mago Melquíades, cuya presencia es crucial para el destino de la familia.
El tema principal, como bien dice el título, es la soledad: todos los personajes, tanto los pertenecientes a la familia como los de fuera, están destinados a una vida de soledad y sin amor verdadero.

El amor en los tiempos del cólera

Primera edición de El amor en los tiempos del cólera


Otra de las novelas más importantes de García Márquez es El amor en los tiempos del cólera, en la que se narra la vida de tres personajes: el doctor Juvenal Urbino, Fermina Daza y Florentino Ariza. Florentino se enamoró de Fermina la primera vez que la vio y comenzó a enviarle cartas, a las que en un principio ella no respondía, hasta que cedió y comenzó una gran relación epistolar.

Tiempo después, cuando se encuentran en persona, ella se desilusiona por ese amor platónico y se va, casándose con el doctor Juvenal Urbino y teniendo una vida feliz a su lado, mientras Florentino, por muchas mujeres que entren en su vida, siempre acabará pensando en ella. Existe incluso una adaptación cinematográfica protagonizada por Javier Bardem y con la música de Shakira.

Realismo mágico

Es conocido que García Márquez es uno de los creadores del realismo mágico en la literatura, un género de mediados del siglo XX en el que se presentan elementos fantásticos dentro de una historia realista, y que suelen ser percibidos por los personajes como cosas normales.
Este hecho se ve en escenas de sus obras como la ascensión al cielo en cuerpo y alma de Remedios la bella, el fantasma de Prudencio Aguilar, lluvias de flores amarillas tras la muerte de José Arcadio Buendía, o mariposas amarillas que aparecen junto a Mauricio Babilonia (todos de Cien años de soledad).
Otros destacados escritores de este género son el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, el gallego Álvaro Cunqueiro, el mexicano Juan Rulfo, los argentinos Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, así como el venezolano Arturo Uslar Pietri.
Sobre esto dijo García Márquez: “Mi problema más importante era destruir la línea de demarcación que separa lo que parece real de lo que parece fantástico porque en el mundo que trataba de evocar, esa barrera no existía. También el lenguaje era una dificultad de fondo porque la verdad no parece verdad simplemente porque lo sea, sino porque la forma en que se diga”.

Contexto histórico

De la misma manera que es imposible hablar sobre García Márquez sin nombrar el realismo mágico, tampoco nos podemos olvidar de destacar el boom latinoamericano, también conocido como la novela hispanoamericana del siglo XX, y consistente en un fenómeno editorial y literario que acerca a los autores de América Latina al resto del mundo.
Entre ellos destacan Mario Vargas Llosa, escritor peruano ganador del Nóbel de Literatura y del Premio Príncipe de Asturias, de obras como La casa verde o La guerra del fin del mundo; Julio Cortázar, escritor argentino autor de Rayuela o Carlos Fuentes, escritor mexicano merecedor del Premio Príncipe de Asturias y autor de La región más transparente o Terra nostra.
Los orígenes de este movimiento se centran en Rubén Darío, José Martí y José Asunción Silva, así como en la influencia de los grandes escritores del siglo (James Joyce, Marcel Proust, Thomas Mann, Jean Paul Sartre y Franz Kafka), para formar a grandes escritores como Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato, Augusto Roa Bastos, Alejo Carpentier o Juan Rulfo.

García Márquez y la “editora del boom”, Carmen Balcells. 


Además, cabe destacar la personalidad más importante de este movimiento en nuestro país, Carmen Balcells, una agente literaria que descubrió a muchos de los autores latinoamericanos y extendió su obra por el mundo, y principalmente por España. Una mujer, ahora ya mayor (tiene 84 años), que comenzó en la Agencia Literaria Carmen Balcells representando a Luís Goytisolo, hasta que pasó por grandes autores como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Pablo Neruda, Carlos Fuente, Miguel Delibes, Camilo José Cela, Vicente Aleixandre, Isabel Allende, Eduardo Mendoza, Manuel Vázquez Montalbán, José Luís Sampedro, Carlos Barral, y a muchos otros, habiendo llegado a representar a 6 premios Nobel de Literatura.

Vídeo

En el vídeo que tenemos a continuación podemos oír al mismo Gabriel García Márquez leyendo el discurso que presentó durante la entrega de su Premio Nóbel de Literatura y que se titula “La soledad de América Latina”. Éste es un texto argumentativo en el que expone su idea sobre la diferencia entre los países desarrollados y los subdesarrollados y presenta su petición de paciencia con su tierra, mientras se apoya en temas históricos y culturales. Unas palabras que se han inmortalizado y que merecen ser leídas (o escuchadas) por todos. 


Entrevista

Con la finalidad de demostrar que la literatura no sólo consiste en nombres de autores y obras puestos en filas en las estanterías de las librerías y bibliotecas, sino que llega a la gente e influye en su vida, presentamos la siguiente entrevista, realizada por uno de los encargados de la sección, Alberto Ferrera Lagoa, a Isabel Casas Suárez, profesora de literatura del instituto de Educación Secundaria “Puente Ajuda”, de Olivenza.
A: ¿A qué edad comenzó a leer a Gabriel García Márquez?
I: Muy jovencita, con catorce [años].
A: ¿Cómo conoció sus libros?
I: No me acuerdo exactamente. Ahí tengo la duda. Por ejemplo, Cortázar sí que creo que fue de un amigo, pero García Márquez no sé si fue de una lista que nos dio el profesor de ¡octavo de EGB! (Que yo soy de esa época) —risas—, de los cien libros que se debe leer todo graduado en EGB y, fue por eso. Creo que fue por eso. Yo, realmente, no me acuerdo. Creo que fue, o que me habló el profesor o un amigo. Creo que fue más lo del profesor. Y en una feria del libro lo compré y en ese año me lo leí.
A: ¿Cuál fue el primer libro que se leyó de él?
I: Cien años de soledad.
A: ¿Cómo ha influido Gabriel García Márquez en usted?
I: Yo creo que en la personalidad, no. Pero sí bastante, yo creo, en la dedicación futura. Yo, poco a poco, no solo por García Márquez, supe que me iba a dedicar a la literatura. Pero, en concreto, la hispanoamericana, fue con él; fue la primera obra de un autor hispanoamericano que leí… y me encantó. O sea, que desde ahí yo tuve muy claro que me interesaba la literatura hispanoamericana.
Determinó mi futuro. Bueno, a los catorce años ya yo sabía por donde iba pero, en concreto eso, el que luego trabajara en hispanoamericana iba a ser por eso. Por ejemplo, yo, no lo entendía. Yo a los catorce años leí Cien años de soledad, pero no lo entendía desde el punto de vista de, es muy barroco en la sintaxis, pero había palabras que no entendía. Nunca me gustó buscar palabras en el diccionario. No había ordenador. Hice listas que nadie me obligó, de palabras que no entendía. Me sentí tan atrapada, que hice listas de vocabulario. Por lo que Cien años de soledad aumentó mi vocabulario.
A: ¿Cuál es el libro de Gabriel García Márquez que más le ha gustado?
I: Cien años de soledad.
A: ¿Recomienda leer sus obras?
I: Sí.
A: ¿A qué tipo de público?
I: Yo siempre digo lo mismo: a todo tipo de público, en principio, que le dé una oportunidad. Si no gusta, que lo dejen. El problema es, que Márquez lo decía, que para él era fundamental la primera página cuando escribía, porque cuando leía, si no le interesaba la primera página, dejaba una novela, una obra —ante las palabras de Alberto: “¡Qué radical!”—. ¡Sí! Porque decía: “Hay mucho para leer”. Por eso sus comienzos normalmente son tan… llamativos, tan impresionantes, porque él partía de eso. Entonces, que le den una oportunidad, cualquier tipo de público, en serio. Y creo que a aquel público al que le guste la fantasía… que le guste, yo creo que la gente, que le guste la vida, le va a gustar. Pero, primero, a cualquiera que le guste eso, la fantasía y la vida.
A: ¿Ha releído alguno de sus libros?
I: Sí
A: ¿Lo ha percibido de otra manera? ¿En qué sentido?
I: Sí. Pero no te sabría decir. Yo creo que la primera vez te dejas atrapar más por la historia, aunque yo sí que siempre he tenido muy en cuenta el cómo estaba escrito algo, si no lo apreciaba o valoraba y tal, intuía la manera, ¿no? La complicación, el barroquismo, aunque yo no lo llamara “barroquismo”. Pero en las siguientes lecturas, claro, valoro más la manera. Creo que por ahí van las cosas. Lo otro era pura pasión, de las primeras lecturas, es atraparte en una historia.
A: Última pregunta: ¿Se siente identificada con algún personaje o novela de Gabriel García Márquez?

I: No, nunca me ha dado por pensarlo —risas—, tendría que mirarlo… No, yo creo que no. Claramente hay personajes buenísimos, pero identificarme, no.





Artículo por Alberto Ferrera y Darío Luque.